Un estudio multidisciplinar ha hallado evidencias de la caza de monos arbóreos y otros mamíferos pequeños por el Homo sapiens hace al menos 45.000 años en la selva tropical de Sri Lanka, un ejemplo de la capacidad única de adaptación que permitió a los humanos colonizar entornos en condiciones extremas.
Los científicos descubrieron restos de pequeños mamíferos, incluidos primates, con marcas de cortes y quemaduras en la Cueva Fa Hien, el sitio arqueológico más antiguo ocupado por Homo sapiens en Sri Lanka que se conoce, junto a sofisticadas herramientas hechas de huesos y de piedras.
“Los resultados muestran una caza especializada y sofisticada de monos semiarbóreos y arbóeros y poblaciones de ardillas de hace 45.000 años en un entorno de selva tropical”, subraya Oshan Wedage, del Inistuto Max Planck de Ciencias de la Historia de la Humanidad, Alemania, y autor principal del estudio.
La caza de estos animales es un ejemplo de la capacidad única de adaptación de los humanos que permitió al Homo Sapiens colonizar rápidamente una serie de entornos de condiciones extremas a los que aparentemente no habían ingresado sus parientes hominidos.
El estudio, llevado a cabo por científicos del Max Planck y de otras insituciones internacionales y de Sri Lanka, muestra además que las poblaciones humanas pudieron especializarse durante decenas de miles de años en la caza de pequeños animales arbóreos, ya que este es el registro más antiguo y prolongado de caza sofisticada y activa de primates.
Este trabajo destaca, además, las capacidades ecológicas distintivas de los Homo sapiens respecto a sus antecesores y parientes homínidos.
Estudios recientes han demostrado que la especia humana se adaptó a una diversidad de ambientes extremos en su expansión por todo el mundo, incluidos desiertos, altitudes elevadas, condiciones paleárticas y selvas tropicales.
No obstante, previamente la discusión en torno a la migración de la especie humana hacia Europa, Oriente Medio y Asia se centraba frecuentemente en la creciente eficacia de los humanos a la hora de cazar, despedazar y consumir animales de tamaño medio y grande en espacios abiertos tipo sabana.
Por contra, en las discusiones la selva tropical no se tenía prácticamente en cuenta al considerarse un entorno de barreras aisladas al movimiento humano, con desafíos como enfermedades, animales peligrosos y recursos limitados y con monos y ardillas pequeños y rápidos, difíciles de cazar y que además aportaban cantidades menores de proteína.