Descifran la composición de un veneno de caracol con potencial farmacológico

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Foto: Archivo

Un equipo internacional de investigadores ha logrado descifrar la composición del veneno que emplean unos caracoles marinos que se crían en el oeste de África y que podría tener un gran potencial farmacológico.

Los “conos” son caracoles marinos venenosos cuyas toxinas son de interés en farmacología por el potencial que tienen para el desarrollo de medicamentos como los analgésicos.

El trabajo de investigación ha sido realizado por científicos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y de las universidades de Cádiz y del Algarve (Portugal), ha informado hoy el Museo en una nota de prensa.

Durante la investigación se han analizado y comparado los venenos de trece especies de caracoles marinos procedentes del oeste de África, y los investigadores han descubierto que todas comparten un “kit” básico de veneno que ya estaría presente en su antepasado común.

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Según ha informado el Museo Nacional de Ciencias Naturales, hasta ahora no se habían comparado las composiciones de tantos venenos de especies relacionadas entre sí para entender los procesos evolutivos que generan la diversidad de estas proteínas.

“Los conos inyectan veneno a sus depredadores y presas, que pueden ser otros caracoles, gusanos o incluso peces, a través de sus dientes en forma de arpón. Ese veneno produce distintos efectos en las presas como la sedación o la parálisis muscular”, ha explicado Samuel Abalde, investigador del Museo y uno de los responsables del estudio.

Ha precisado además que la composición del veneno, al igual que la morfología de sus dientes, varía en las distintas especies, debido probablemente a las diferencias en sus dietas.

Durante la investigación se compararon las toxinas de trece especies diferentes, endémicas unas en Cabo Verde, otras en Senegal y otras en Islas Canarias.

El investigador del Museo Rafael Zardoya ha explicado en la misma nota que los resultados muestran que cada especie produce entre 108 y 221 precursores de conotoxinas distintos y que forman un catálogo “único” para cada especie, “lo cual abre la posibilidad de encontrar numerosos candidatos con potencial farmacológico”. EFE